Vol. 77 Núm. UNICO (2021)
ARTÍCULOS

Ignacio de Loyola, para todos los tiempos y para todos los hombres

Publicado diciembre 1, 2021
Palabras clave
  • Ignacio referente atemporal,
  • Autoliderazgo,
  • Autorrealización,
  • Liderazgo instructor,
  • Excelencia,
  • Bien común,
  • Organización influyente y eficiente,
  • Experiencia como enseñanza vital,
  • Reconversión,
  • Renovación,
  • Ejercicio de la autoridad y del poder,
  • Relaciones personales eficientes
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Resumen

Este artículo sigue una línea iniciada por el autor en su investigación sobre la persona de Ignacio de Loyola, centrada en las líneas destacadas de su personalidad que nos ha trasmitido en sus escritos autobiográficos, en sus escritos religiosos, su correspondencia, sus obras institucionales.

La estructura de la personalidad de Ignacio motiva el título de este artículo ya que el fundamento específi camente ético de su persona, de su conducta, de sus decisiones y su determinación en el cumplimiento de sus objetivos lo hacen una figura referente para cualquier ser humano que en cualquier época, entiende la vida personal y colectiva como una continua superación con efectos claros en la convivencia y en el bien común. 

Todavía duran los ecos de los descriptores de Ignacio como un militar hosco y riguroso, del personaje introvertido e inquietante maquinador. Sin embargo, el entorno de nuestro protagonista es claridad de ideas, transparencia en intenciones y propuestas, apertura a la relación personal, sensibilidad por las debilidades ajenas, generosidad y confianza con el colaborador, diplomacia en el trato con los poderosos que deciden, estrategia para alcanzar los objetivos, reflexión sobre la experiencia vivida, aprendizaje continuo, una honda y amplia humanidad. Todo ello en una atmosfera de conducta ética que empapa las relaciones personales, el ejercicio de la autoridad, el ejercicio del poder, la cultura de la organización y el contenido de su misión vital. Se añade su profunda fe que surge de su confianza en Dios a quien va descubriendo mientras se abre camino en la construcción de su obra renovadora y en quien deposita su confianza. 

La Ética que dirige la conducta y la fe se integran, y construyen la persona hacia el logro de la excelencia personal no como ideal exclusivista sino como instrumento de cambio, como propuesta de forma de vida y como compromiso de cambio social pues el objetivo ideal es el bien común (el bien de los prójimos) que es la voluntad de Dios. El imaginario de Ignacio es expandir esta excelencia personal como modelo de vida social y espiritual. 

Ignacio nos muestra cómo se va haciendo y tal hecho es lo que nos cuenta y nos manifi esta. No se nace bueno o malo, cada uno se convierte en una de las dos cosas a base de práctica, de orden y disciplina o de lo contrario, por la adopción o desprecio de valores y normas que regulan las relaciones sociales. También de esta manera se construye a sí mismo, en un proceso de autoliderazgo, de saber dirigirse a sí mismo, de autorrealización, con el que experimenta la importancia de la dimensión ética de la vida personal y de su función en el liderazgo social que de dicha conducta ética se desprende, pues atrae a otras personas y con ellas logrará influir en el orden social y construir una gran e influyente organización. 

Ignacio nos induce con sus ideas a irnos haciendo, a reconvertirnos o autorrealizarnos de forma permanente. El mismo vivió esta experiencia de construcción hasta que en Loyola se convenció (no convirtió) de que había otra forma de vida menos condicionada, por tanto, más libre y constructiva pues dependía sólo de su propia voluntad, su determinación y su convicción ética. Así fue surgiendo un liderazgo que es fundamentalmente instructivo, pues es un proceso que él vive y enseña a vivir, una relación que se construye consigo mismo y con los otros con relaciones interpersonales y sociales influyentes y eficientes para el fin de la renovación personal y social que se persigue.

Estas experiencias convertidas en enseñanza y programas llevan a generar una estructura organizativa cohesionada y capacitada para cumplir por el compromiso de sus miembros con la misión renovadora que Ignacio se propuso, con instrumentos creados por él como el discernimiento, la formación humana e intelectual, la reflexión como estrategia de acción, la consideración de los tiempos y circunstancias, la prudencia en la palabra y los actos y la identidad con los fines de la organización.